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	<title>Palabras Graves</title>
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	<description>Mis columnas y ensayos sobre la realidad.</description>
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		<title>Palabras Graves</title>
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		<title>a-Ti</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 04:42:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Dowyer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos, poesía y otras yerbas.]]></category>

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		<description><![CDATA[Cadencia y decadencia. El diario devenir de soledades, ausencias minuciosas, perfectas desapariciones, inéditos reencuentros y un rosario de sueños imposibles, enhebrados cuidadosamente en el hilo de las horas. Y en cada campanada del reloj, en cada grito ajeno de gol por la ventana, en cada beso de las parejas que caminan mi calle, en todas [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=180&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cadencia y decadencia. El diario devenir de soledades, ausencias minuciosas, perfectas desapariciones, inéditos reencuentros y un rosario de sueños imposibles, enhebrados cuidadosamente en el hilo de las horas. Y en cada campanada del reloj, en cada grito ajeno de gol por la ventana, en cada beso de las parejas que caminan mi calle, en todas y cada una de las muchachas que a esta altura del año se dejan abrazar por el sol, en cada taza de café, vos. Siempre vos. </p>
<p>Creo sin embargo que ha llegado la hora de dejar de pensarte. Es más. Seré ambicioso una vez en la vida, y decretaré unilateralmente que no existes, o que por lo menos yo dejo desde hoy de creer en vos. </p>
<p>Si hay quienes se dan el lujo de no creer en Dios, cuanto más yo puedo libremente confesar simplemente que no existes, aún cuando te empeñes en dar señales en contrario todo el tiempo. </p>
<p>Ellos se dicen a-teos, pues bien. Seré a-vos, a-chicaperfecta, a-mujerdemissueños, a-quienquieraqueseas. Desde hoy elaboraré las más elevadas conclusiones para probar tu inexistencia, y me transformaré en el más serio enemigo de quienes abogan a favor de tu existencia. Ya verás. </p>
<p>Después de todo, si los enemigos del régimen hayan argumentos más o menos razonables para combatir a ese buen puñado de crédulos que sostienen aún que Dios si existe, ¿cómo no he de hallar yo con mucha más facilidad y solidez científica, razones para mostrar al mundo que tu no eres más que una fábula?</p>
<p>Pues bien, María, Claudia, Patricia, Josefina o como quiera Dios (que tampoco existe) que te llames, ya no me busques. Desde ahora soy a-Ti. </p>
<p>Guillermo Dowyer<br />
(de &#8220;Unos cuantos cuentos&#8221;)</p>
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		<title>La otra</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 04:39:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Dowyer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos, poesía y otras yerbas.]]></category>

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		<description><![CDATA[Acostumbraban a cenar solos, sin hijos ni problemas cotidianos, cada viernes por la noche cuando ella cerraba el consultorio y el lograba dejar para mañana los proyectos del estudio. La única promesa era cenar solos, no hablar del pasado pisado ni hacer planes para un futuro incierto. Y lo otro, que el restaurante fuese cada [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=178&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Acostumbraban a cenar solos, sin hijos ni problemas cotidianos, cada viernes por la noche cuando ella cerraba el consultorio y el lograba dejar para mañana los proyectos del estudio. La única promesa era cenar solos, no hablar del pasado pisado ni hacer planes para un futuro incierto. Y lo otro, que el restaurante fuese cada viernes uno distinto.</p>
<p>No siempre habían hecho esto todos los viernes de los dieciocho años que llevaban juntos, era más bien una costumbre de los últimos cinco, desde que los hijos tenían edad para quedarse al cuidado de la hermana de ella, o de los padres de él, o de una nana de ocasión.</p>
<p>Hacía calor esa noche. Habían elegido un pequeño restaurante del puerto, que en esa época del año permitía cenar mirando el río, y que según se los recordaba una visita de hace un par de años, servía deliciosos pescados de mar, asados.</p>
<p>Todo había sucedido más o menos como de costumbre. Llegaron en autos separados, se abrazaron en el estacionamiento como si fuese la primera vez, ella lo miró con un gesto de “perdón por la demora” y el le devolvió una sonrisa de “yo también te extrañe”.</p>
<p>Ingresaron y se ubicaron en una mesa redonda del centro del pequeño salón. Ordenaron pescados y vino, y acariciando al descuido sus manos cada tanto compartieron la consabida charla de los viernes en que los mutuos secretos de la semana dejaban de serlo.</p>
<p>De repente –sin motivo aparente- ella comenzó a mostrarse más incómoda, más tensa, como si algo la hubiese sacado de allí. En adelante la charla de él se transformó en un murmullo que la aturdía, y por los próximos minutos la molestia apenas permitiría responder con monosílabos impersonales como: “Aha. Si, si. No, claro. Mira vos…” y cosas por el estilo.</p>
<p>Él se daba cuenta que algo había cambiado su talante, pero prefirió seguir como si nada y esperar a que pase la tensión. Sabía que ella se molestaría si acaso era descubierta en alguna debilidad. Intentó acariciarla, bromeando le beso la mano, pero ella la arrancó de la suya como un sable y le hirió:  </p>
<p>- “Estas mirando a esa mujer. …Desde que nos sentamos estás observando a esa mujer sentada en la mesa del otro lado de la ventana. Esto es una verdadera vergüenza, ¡ya no lo soporto!”</p>
<p>Él apenas pudo prolongar su mudo silencio, y tiñendo su rostro del color del vino, como sobrepasado por un aluvión de vergüenza, se recostó inerte sobre el respaldo de la silla.</p>
<p>Apenas atinó: &#8211; “¿Qué dices?, pero si estoy…”</p>
<p>- “No, no. Además no intentes tomarme por idiota. Entiendo que es una muy bella mujer, y entiendo que su frecuente sonrisa, y hasta la provocación de su propia mirada te hayan llamado la atención. Puedo comprender que su estilo y su juventud te seduzcan por un momento, ¡pero ya está bien! No dejas de observarla de soslayo, faltándome el respeto. Mejor me voy así te quedas a disfrutarla. Parece ser perfecta para tu gusto. ¡Cena con ella!”</p>
<p>Arrojó con desacostumbrada violencia su servilleta sobre la mesa, derramando la copa de vino de él, y le dio la espalda ente el intento del hombre de calmarla…</p>
<p>- “Mi amor, hazme el favor, ven, siéntate y déjame explicarte…”</p>
<p>Nada detuvo su carrera. Sorteando las mesas que la separaban de la puerta, portazo de por medio, se fue en su auto para no volver. Se alejó masticando viejos enojos y soñando con el divorcio que mañana mismo la separarían de una vez por todas de ese hombre que evidentemente ya no se fijaba en ella como antes.  </p>
<p>El hombre bebió el último trago de vino de la copa de ella, tragó profundamente su desconcierto, y derrotado por una tristeza nueva se quedó balbuceando en voz baja:</p>
<p>- &#8220;Amor, amor… por favor, déjame explicarte. No hay ninguna otra mujer. Esa no es una ventana, amor mío, es un espejo&#8221;. </p>
<p>Guillermo Dowyer<br />
(de &#8220;Unos cuantos cuentos&#8221;)  </p>
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		<title>Hola y adiós</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 04:38:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Dowyer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos, poesía y otras yerbas.]]></category>

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		<description><![CDATA[Estabas ahí cuando distraídamente elevé mi mirada del suelo. Tus ojos iluminaron de repente la penumbra de la tarde que moría. Podía sentirse tu soledad, y justo cuando te vi, tus ojos hablaban de ella. Estabas evidentemente esperando a ese hombre, al culpable de tu tristeza, al padre de los niños que jugaban ajenos a [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=176&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estabas ahí cuando distraídamente elevé mi mirada del suelo. Tus ojos iluminaron de repente la penumbra de la tarde que moría.</p>
<p>Podía sentirse tu soledad, y justo cuando te vi, tus ojos hablaban de ella.<br />
Estabas evidentemente esperando a ese hombre, al culpable de tu tristeza, al padre de los niños que jugaban ajenos a todo en el asiento de atrás. Y estabas evidentemente esperando una mirada que te llevara lejos de allí.</p>
<p>En ese instante eterno en que nos sorprendió un latido vertiginoso, fue como si hace años hubiese estado buscándote, y te imaginé tanteando esperanzada la traba de la puerta que te separaba de mí y de tu libertad. Te imaginé sonriendo agradecida por esta esperanza nueva que nacía, por esta rara sensación olvidada en tu pasado de mujer amada. Tus ojos cambiaron la nubosa pesadumbre con que los encontré pensando cómo habías llegado hasta ahí. Y ahora sonreían ajenos, como los niños del asiento de atrás.</p>
<p>Cuando el abrió seriamente la puerta del lado del conductor y tiro con desprecio una bolsa de dulces en tu regazo, la realidad explotó delante de mis ojos, y borró el brillo en los tuyos.</p>
<p>Entornaste el corazón como resignada a vivir lo que restaba de este eterno día, tomaste de la mano a la niña que te obsequiaba el caramelo que hubieses querido compartir conmigo, la besaste cómplice sabiendo que te miraba con las mismas ganas que vos de que él jamás hubiese vuelto.</p>
<p>Miraste hacia atrás, ajustaste tu cinturón de inseguridad, y una mueca irreproducible volvió a dibujarse en la inconmensurable belleza de tu rostro.</p>
<p>Sólo nos quedó la distancia.</p>
<p>Guillermo Dowyer<br />
(de &#8220;Unos cuantos cuentos&#8221;)</p>
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			<media:title type="html">Suma Solidaria</media:title>
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		<title>Mi cuento Sufí</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 18:37:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Dowyer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos, poesía y otras yerbas.]]></category>

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		<description><![CDATA[Al caer la noche el anciano se acercó al maestro, su rostro mojado de lágrimas nuevas, y tímidamente le expresó su tristeza: - Maestro, ya soy viejo, seguramente no me quedará mucho más tiempo de vida, y siento que aún no he alcanzado la iluminación. ¿Qué puedo hacer para no morir con esta frustración? -le [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=173&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al caer la noche el anciano se acercó al maestro, su rostro mojado de lágrimas nuevas, y tímidamente le expresó su tristeza:</p>
<p>- Maestro, ya soy viejo, seguramente no me quedará mucho más tiempo de vida, y siento que aún no he alcanzado la iluminación. ¿Qué puedo hacer para no morir con esta frustración? -le preguntó entre sollozos-.</p>
<p>El hombre lo miró quietamente unos minutos. Acomodó el vuelo de la túnica de lino en la que estaba envuelto, suspiró y le dijo:</p>
<p>- Recuerdo que un día, siendo de unos cuarenta años y habiendo sufrido mucho en una vida que no me alegraba por completo, hice la misma pregunta al sabio de mi pueblo. Siéntate a mi lado junto al fuego, te contaré la historia que mi maestro me regaló en ese momento, y quizás responda a todas tus dudas, anciano.</p>
<p>El monje tomó una taza de té que calentaba delante de él, y entre breves sorbos comenzó a narrarle aquel viejo episodio, como antes habían hecho con él:</p>
<p>- Al nacer, Dios le regala a cada niño una pequeña piedra, con la expresa misión de que debe entregársela de nuevo cuando él lo llame nuevamente a su reino. Los recién nacidos no tienen –claro- consciencia alguna de su posesión hasta bien entrados en la niñez. Sus padres, más frecuentemente sus madres, suelen guardar la pequeña piedra hasta que son capaces de tomarla con seguridad en sus pequeñas manos y atesorarla en sus bolsillos o alforjas.</p>
<p>Según pasa la vida la piedra de cada niño va exponiéndose a diversas situaciones que la marcan, la raspan, la quiebran, la moldean y cambian parcialmente su morfología, cobrando cada una aspectos bien distintos.<br />
Al llegar el tiempo de lo que los humanos llamamos muerte, Dios nos llama a su presencia, y para reconocernos nos pide que le devolvamos la piedra que nos dio al nacer. Entonces –dijo mi maestro- cada adulto debe volver a mirar esa piedra, y en ella ve reflejado el sentido de su vida pasada.</p>
<p>Lo que sucede en la mayoría de los casos –prosiguió mi maestro- es que los hombres y mujeres que regresan a la presencia de Dios, ni siquiera recordaban que el Señor les hubiese entregado algo para devolver. Muchos pasaban buena parte de la eternidad a las puertas del paraíso intentando hallarla entre su bagaje de recuerdos y bienes inútiles.</p>
<p>Unos cuantos respondían a la requisitoria diciendo que sus padres habían guardado la piedra en un lugar seguro, y al partir sus madres no sabían donde se hallaba escondida. En estos casos, grande era la tristeza al entender que no podían pasar al reino de Dios sin ella, y pedían infructuosamente permiso para volver a buscarla. “No se vuelve atrás a buscar una vida”, era la recurrente respuesta del soberano a sus oídos.</p>
<p>Unos pocos, la ínfima minoría, al llegar a las puertas del cielo, traía apretada en sus manos el pequeño tesoro, y solícitos la mostraban a Dios a su arribo, iluminándolo todo con su brillo. Esa, hijo mío, es la verdadera iluminación –culminó mi maestro-. ¿Me comprendes?</p>
<p>- Recuerdo que en ese momento hice un buen rato de silencio, a lo que mi viejo maestro respondió solo con una sonrisa, y luego me despidió entrecerrando sus ojos. Y tú, ahora, ¿me comprendes? ¿Has entendido el verdadero valor de la historia, y el mensaje de sabiduría que tiene para tu vida?</p>
<p>El anciano miro al sabio sin decir nada, y dibujó una vieja sonrisa en su rostro ajado por el tiempo. Estrecho<br />
la mano de su anfitrión y se retiró caminando con una alegría que le hacía andar más rápido de lo acostumbrado.</p>
<p>Poco tiempo después el viejo empezó a sentir que había llegado el tiempo de partir a la presencia del señor, y antes decidió contarles a todos sus amigos, familiares y vecinos, y hasta a los transeúntes que pasaban por su tienda, la antigua historia de la pequeña piedra que todos tenemos en nuestro poder desde que nacemos, con la importante misión de cuidarla para ser devuelta al creador. Narraba la enseñanza contando la historia de la suya propia, mostrándola con orgullo, y relatando el origen de todas sus marcas, de sus facetas, de sus destellos. Había comprendido que cada golpe, que cada una de sus caídas, que todos sus flagelos, habían ido puliendo y formando esa pequeña piedra para transformarla en un precioso diamante que ahora, en el final de sus años, acariciaba y compartía con sus amigos, aprestándolo para entregarlo como ofrenda a su Señor cuando fuese su hora.</p>
<p>En sus momentos de soledad el viejo se detenía a observarla, y ahora ya no veía con dolor, tristeza ni mucho menos con frustración, las vicisitudes que lo habían marcado, sino todo lo contrario. Dibujaba una sonrisa inmensa en su viejo rostro de niño que acababa de nacer y su corazón latía más vivo que nunca, consciente de que el feliz final por fin estaba cerca.</p>
<p>Guillermo Dowyer<br />
17 de Enero de 2012</p>
<br />Filed under: <a href='http://palabrasgraves.wordpress.com/category/cuentos-poesia-y-otras-yerbas/'>Cuentos, poesía y otras yerbas.</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/palabrasgraves.wordpress.com/173/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/palabrasgraves.wordpress.com/173/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/palabrasgraves.wordpress.com/173/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/palabrasgraves.wordpress.com/173/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/palabrasgraves.wordpress.com/173/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/palabrasgraves.wordpress.com/173/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/palabrasgraves.wordpress.com/173/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/palabrasgraves.wordpress.com/173/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/palabrasgraves.wordpress.com/173/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/palabrasgraves.wordpress.com/173/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/palabrasgraves.wordpress.com/173/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/palabrasgraves.wordpress.com/173/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/palabrasgraves.wordpress.com/173/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/palabrasgraves.wordpress.com/173/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=173&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Aprendiendo a leer</title>
		<link>http://palabrasgraves.wordpress.com/2012/01/16/aprendiendo-a-leer/</link>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 23:18:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Dowyer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía Debida]]></category>

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		<description><![CDATA[He aprendido, a fuerza de errores y fracasos, que la vida es un papel en blanco. Una pizarra en la que uno va garabateando su historia, más o menos a tientas, según haya aprendido a leer la realidad que nos circunda. Últimamente esto me ha hecho pensar mucho en nuestra verdadera capacidad para leer el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=170&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>He aprendido, a fuerza de errores y fracasos, que la vida es un papel en blanco. Una pizarra en la que uno va garabateando su historia, más o menos a tientas, según haya aprendido a leer la realidad que nos circunda. </p>
<p>Últimamente esto me ha hecho pensar mucho en nuestra verdadera capacidad para leer el mundo y sus señales. Porque no es difícil que un niño, a poco de nacer, tome un lápiz y ante una hoja de papel exprese algo de sí. Pero toma mucho más tiempo aprender a ver, comprender, traducir e interpretar a ciencia cierta lo que los demás nos dicen, lo que la vida nos dice, lo que el universo escribe para nosotros en un idioma que nos puede llevar mucho tiempo y esfuerzo aprender a utilizar.  </p>
<p>Resulta que entonces la vida toda, las personas con las que convivo, el lugar en que resido, el cielo, mis compañeros de trabajo, el suelo que piso, todo, absolutamente todo, tiene un código, un lenguaje, y un mensaje que contarme. En el viaje que entiendo significa el paso por la tierra, es responsabilidad ineludible de cada ser humano consciente, interpretar esos mensajes. </p>
<p>Lo primero que debieran enseñarnos en la escuela, en vez de escribir, es a pensar. A entender cuál es la verdadera misión de mi existencia terrena. A menos que consideremos estúpidamente que sólo nacemos, vivimos, nos reproducimos, subsistimos, avanzamos y envejecemos, con el exclusivo fin de morir.<br />
Si estás pensando en términos de Karma, reencarnación y todas esas cosas, permíteme desilusionarte rápidamente. Aun cuando todo ello fuese cierto, eso no te libraría de tu responsabilidad de saber para qué viniste y hacia dónde vas. </p>
<p>Cada detalle de lo que nos rodea, personas y cosas, son parte de un mapa perfecto, de un manuscrito divino, puesto delante nuestro para enseñarnos, para guiarnos, para hacernos sabios y a partir de ello cumplir -o no- nuestra misión trascendental.   </p>
<p>De allí que he entendido –dirás que ya era tiempo, y con razón, como dice mi amigo Mario- que entre las peores cosas que uno puede hacer camino hacia el día final, es no haber aprendido a leer. No haber logrado construir mi sistema simbólico para entender que un problema no es siempre un problema, que un buen día no es sólo un buen día, que un abrazo no es solo un abrazo, y cosas semejantes. </p>
<p>Los más exitosos viajeros y seres especiales que he conocido en mi vida, sabían interpretar las señales, leer el mundo, entender su mensaje, y por eso a pesar de preocupaciones, obstáculos, enemigos y fracasos, pudieron seguir adelante y llegar a la meta. Como los magos de Zoroastro leían la luz de las estrellas adelantándose a la ciencia de Galileo, como mi amado Jesús fue capaz de caminar sobre la muerte sabiéndose inmortal, como Leonardo fue capaz de crear ciencia y belleza sabiendo que su capacidad no tenía límites, como Magallanes navegó las tormentosas aguas de la tierra del fuego uniendo mundos, como Beethoven fue capaz de escribir las más bellas melodías sin escucharlas… Así hoy quiero caminar leyendo el universo que me incluye, sin dejarme distraer por signos imperfectos que me alejen del camino, o distraigan mis ojos de la meta hacia la que voy. </p>
<p>Ya sé, quizás estés pensando que esta es otra de mis obvias reflexiones que no hacen más que reiterar cosas que yo no he inventado. Pero bueno, me gusta descubrir por mí mismo cosas viejas, reinventarme, descubrir tesoros debajo de mi silla, crear más vida en mi propia vida… Y soñar con que puedo.</p>
<p>Guillermo Dowyer<br />
16 de Enero de 2012</p>
<br />Filed under: <a href='http://palabrasgraves.wordpress.com/category/filosofia-debida/'>Filosofía Debida</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/palabrasgraves.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/palabrasgraves.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/palabrasgraves.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/palabrasgraves.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/palabrasgraves.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/palabrasgraves.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/palabrasgraves.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/palabrasgraves.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/palabrasgraves.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/palabrasgraves.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/palabrasgraves.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/palabrasgraves.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/palabrasgraves.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/palabrasgraves.wordpress.com/170/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=170&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>En el país de los ciegos&#8230;</title>
		<link>http://palabrasgraves.wordpress.com/2011/11/01/en-el-pais-de-los-ciegos/</link>
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		<pubDate>Tue, 01 Nov 2011 20:15:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Dowyer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mi columna semanal]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada día de mi vida intento ver por qué la gente piensa como piensa, y por qué actúa como actúa. Y en esa difícil tarea de intentar llegar a la verdad, sin quedarme en la superficie, he encontrado una llamativa coincidencia nada casual en nuestra sociedad. Me inspiran claro a este análisis los hechos de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=165&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada día de mi vida intento ver por qué la gente piensa como piensa, y por qué actúa como actúa. Y en esa difícil tarea de intentar llegar a la verdad, sin quedarme en la superficie, he encontrado una llamativa coincidencia nada casual en nuestra sociedad. Me inspiran claro a este análisis los hechos de la realidad argentina. </p>
<p>Resulta que la mitad de la población ve una cosa, y la otra mitad no la ve, o peor aún, ve otra. Y siendo que la realidad es una sola, me pregunté mucho últimamente por qué. Esto me lleva a ocuparme lo más breve y profundamente posible del problema de la “verdad absoluta” y su eterno enfrentamiento con el “pluralismo”, alentado por las minorías privadas de una visión global. Lo que en términos sociológicos podríamos llamar los &#8220;ciegos&#8221;. Y la ceguera es un problema al que debemos oponernos seriamente si queremos que Argentina siga mejorando como país. </p>
<p>El tratamiento de este grave tema social se remonta a las más antiguas civilizaciones del género humano. Ejemplos abundan, pero me detendré en la conocida historia de “Los Hombres ciegos y el Elefante”, que define cabalmente la cuestión.<br />
Se trata de una parábola Jainista (el Jainismo es una religión no teísta de la antigua India practicada hoy por el 4% de los hindúes) que relata lo sucedido cuando un grupo de hombres ciegos de nacimiento, se entera de que un animal -desconocido para ellos- al que los videntes llamaban “elefante”, había sido capturado y traído al pueblo. Ellos jamás habían visto un &#8220;elefante&#8221; y entusiasmados por la novedad coincidieron en ir a saciar su curiosidad. “Debemos ir a inspeccionarlo y reconocerlo por el tacto, de lo cual somos capaces”, dijeron. Al aproximarse al paquidermo cada cual acercó sus manos al sujeto y comenzó a definirlo: El ciego que estaba tocando el elefante por su pata delantera dijo “Este animal es semejante a una gran columna”, uno que había alcanzado una oreja disintió “Para mí es como un gran abanico”; “Yo veo a este ser como un tubo de desagüe” opinó el que llegó sólo a recorrer su larga trompa, al tiempo que uno subido a sus espaldas exclamaba “Es como un gran trono”; y así cada uno de ellos, con la manos desplegadas en una parte del cuerpo del animal, lo apreció de modo diferente. Todos relataban un hecho basado en idéntica realidad, pero la individualidad de su apreciación plural los alejó de la posibilidad de definir correctamente cómo era al fin y al cabo un simple elefante.</p>
<p>Esto ilustra la otra clase de ceguera, absolutamente voluntaria y para nada congénita, que hoy padecen millones de argentinos, guiados por unos pocos interesados y perversos ciegos, que aprovechándose de su idiotez llevan agua para sus ya áridos molinos. Estos ciegos sociales tienen la apreciación parcial de la parte del todo que logran palpar, y en su ablepsia defienden a rajatabla su sofisma, alegando con certeza contra el &#8220;error&#8221; de los demás. Porque &#8220;no hay peor ciego que el que no quiere ver&#8221;. </p>
<p>Los ciegos, y sus ciegos guías, alientan teorías erradas, mentirosas y frecuentemente catastróficas, y luego contemplan perplejos que el pueblo no les crea. Los ciegos, y sus ciegos guías, encienden fogatas entre los árboles, y luego se alarman como un niño asustado de que el bosque arda sin control y amenace sus vidas. Los ciegos, y sus guías mentirosos y ciegos, se asombran de que en este país de los ciegos, un tuerto, imperfecto y limitado aveces, tenga más éxito que ellos en el reino, y derrotados se golpean el pecho lamentando la extinción de su poder. </p>
<p>Por eso, ante el desaliento de un mal que difícilmente logremos eliminar del todo, me ilusiona el ejemplo de los pocos que a diario deciden empezar a ver, a asumir y a anunciar la verdad tal cual es. A estos, a los que ven aquella legendaria cultura del Jainismo los definía como Kevalins: Seres omniscientes capaces de apreciar la verdad absoluta. Unos pocos que deciden como el Zaratustra de Nietsche ser parte de una sociedad compleja e imperfecta sin renunciar a su sabia costumbre de alejarse frecuentemente un poco para poder percibir la verdad del todo que incluye a las partes. Hasta me ilusiona, lo confieso, que por fin en nuestro imperfecto y ciego país, seamos gobernados por un tuerto, que quizás no sea lo mejor que nos pueda pasar, pero como tampoco hay mejor vidente que el que quiere ver, por algo se empieza.</p>
<p>Guillermo Dowyer, 01 de Noviembre de 2011</p>
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		<title>Hasta siempre comandante</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Oct 2011 23:45:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Dowyer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos, poesía y otras yerbas.]]></category>

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		<description><![CDATA[Querido Ernesto. Che. No tengo el orgullo de decir que nací queriéndote. No supe desde niño -lo digo con vergüenza- entender el valor de tus valores. Es que a vos te mataron cuando yo tenía apenas un mes, y tardó años en llegarme al alma la noticia de tu vida, la tragedia de tu muerte. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=159&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Querido Ernesto. Che. No tengo el orgullo de decir que nací queriéndote. No supe desde niño -lo digo con vergüenza- entender el valor de tus valores. Es que a vos te mataron cuando yo tenía apenas un mes, y tardó años en llegarme al alma la noticia de tu vida, la tragedia de tu muerte.</p>
<p>Apenas hace unos años aprendí a entenderte, a conocer tu íntima convicción libertaria, y claro, ¿cómo no quererte? Cómo no erigir en vos uno de los más grandes ejemplos de vida que tengo, si más de una vez tu sonrisa me inspiró y me ayuda a seguir adelante en un mundo ciego, sordo y mudo. Vos y mi Jesús -como pocos- tienen ese don. No sé a ciencia cierta qué espíritu te unió con Él, pero seguro el mismo amor, la misma incondicional presencia cuando hizo falta enfrentarse a la muerte para defender un ideal.</p>
<p>A veces intento ponerme en la piel de seres como ustedes. A veces cierro los ojos y te imagino sentado en medio de la selva oscura, con hambre y frío, e intento sentir ese amor que te movía para pelear arriesgando el pellejo por los débiles, por los cautivos, por los hambrientos. No siempre lo logro, pero cuando sucede es gracias a la existencia y a la muerte digna de seres como vos.</p>
<p>Sabrás que la humanidad no ha mejorado mucho desde que te fuiste. Comprenderás que el enemigo se ha fortalecido en el egoísmo y la codicia de una raza miserable en la que no abundan los ejemplos de lucha, desapego y humildad. Pero también espero sepas que cada día somos más los que decidimos dar un paso adelante para seguir construyendo una patria grande y solidaria como la que soñaste, como la que te inspiró a semejante sacrificio de amor y de locura. Te habrás equivocado mucho en muchas cosas, pero acertaste en una que merece mi eterno reconocimiento. Fuiste coherente en un mundo incoherente. Fuiste apasionado en un mundo de tibios. Fuiste valiente en un mundo de cobardes.</p>
<p>Por eso hoy, más que lamentar tu muerte, celebro tu vida. Hasta la muerte. Porque estoy seguro de que Dios quiso que estuvieras ese día delante de la bala que te sacó el aliento, y te llevó con Él, acabando con tu vida humana para hacerte inmortal. Y dividiéndote en millones de fueguitos, hoy sos el encargado de mantener encendida la llama de nuestro ideal, de guardar intacta la ilusión de quienes modestamente y con peores armas que las tuyas, seguimos peleando tu lucha en esta selva oscura.</p>
<p>Gracias amigo comandante. Hasta siempre.</p>
<p>Guillermo Dowyer, 8 de Octubre de 2011</p>
<br />Filed under: <a href='http://palabrasgraves.wordpress.com/category/cuentos-poesia-y-otras-yerbas/'>Cuentos, poesía y otras yerbas.</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/palabrasgraves.wordpress.com/159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/palabrasgraves.wordpress.com/159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/palabrasgraves.wordpress.com/159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/palabrasgraves.wordpress.com/159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/palabrasgraves.wordpress.com/159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/palabrasgraves.wordpress.com/159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/palabrasgraves.wordpress.com/159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/palabrasgraves.wordpress.com/159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/palabrasgraves.wordpress.com/159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/palabrasgraves.wordpress.com/159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/palabrasgraves.wordpress.com/159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/palabrasgraves.wordpress.com/159/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/palabrasgraves.wordpress.com/159/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/palabrasgraves.wordpress.com/159/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=159&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Soñar despierto (de: Mi lata de galletas)</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Oct 2011 23:44:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Dowyer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía Debida]]></category>

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		<description><![CDATA[(Mi lata de galletas: El lugar en el que guardo reflecciones personales escritas para compartir. Las historias breves se me asemejan a eso. A galletas que uno toma de una lata de vez en cuando, cuando le apetece, cuando tiene hambre, o simplemente por despuntar el vicio. Mis galletas no son todas iguales. Las hay [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=157&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(Mi lata de galletas: El lugar en el que guardo reflecciones personales escritas para compartir. Las historias breves se me asemejan a eso. A galletas que uno toma de una lata de vez en cuando, cuando le apetece, cuando tiene hambre, o simplemente por despuntar el vicio. Mis galletas no son todas iguales. Las hay más y menos sabrosas. Hay unas nada apetecibles a la vista que son ciertamente alimenticias y medicinales; otras, con bellas formas y colores, suelen carecer de demasiado sabor y propiedades, pero satisfacen la ansiedad. Horneadas con la mayor dedicación todas, eso sí. Porque si uno va a dedicar una lata a guardar cuidadosamente unas galletas para convidar a la visita o los amigos, debe poner el ella lo mejor de sí siempre. Algunos días quizás te de la gana saborear varias, otros solo una, pero es una cómoda tranquilidad saber que cada vez que el deseo te toque el hombro estará a disposición tuya mi lata de galletas.)</p>
<p>Un día, cuando era apenas un niño, mis padres me regalaron un juguete. Y yo creí que era feliz por tener mi juguete. Cuando crecí fui a la escuela, abrí mi cabeza y algunos maestros la llenaron de datos y conocimiento. Eso siguió siendo así hasta bien entrada la juventud, y con tanta información en mi mente yo creí que era sabio.</p>
<p>Un día alguien me habló de Dios y me llevó a una iglesia. Estuve mucho tiempo concurriendo a esa, y a otras iglesias, y orgulloso de mi fidelidad yo creí que era un santo. Un día una que otra mujer se entregó a mí, y entre besos y caricias me dijo que me amaba; y yo creí que decía la verdad, y que ese amor alcanzaría para toda la vida.</p>
<p>Producto de mucho trabajo y esfuerzo llegué un día a tener mucho dinero, empresas, gente que con su esfuerzo trabajaba para mi, y sentado en un sillón de cuero detrás de un gran escritorio creí que al fin era exitoso.</p>
<p>Un día tuve un sueño, y miles de amigos prometieron acompañarme a cumplir ese sueño, entonces creí que el sueño no tardaría en hacerse realidad.</p>
<p>Pero un día lo perdí todo. Perdí mis juguetes en un rincón oscuro de mi frágil memoria, perdí mis padres, mis hijos y mi escuela. Perdí mi religión, perdí mi casa, y me abandonaron todos esos efímeros amores eternos. Perdí mi empresa, mis esclavos y hasta todo mi dinero, y perdí mis amigos, demasiado ocupados en cumplir sus propios sueños.</p>
<p>Entonces ahora, que entendí que se puede ser feliz sin juguetes, sabio sin tanta escuela, amado sin mentiras, santo sin religión y exitoso sin tener dinero, ahora, sé que en realidad lo tengo todo desde niño y no me enseñaron a verlo. Ahora, solo conmigo, con mi Dios y con mi propio amor por vos, sé que soy yo, y estoy cumpliendo el sueño.</p>
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		<title>El mensaje espiritual de la luz.</title>
		<link>http://palabrasgraves.wordpress.com/2011/08/01/enciende-tu-lampara/</link>
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		<pubDate>Mon, 01 Aug 2011 06:36:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Dowyer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos, poesía y otras yerbas.]]></category>

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		<description><![CDATA[Camino, y repentinamente siento que algo no está como debiera. Acabo de caer en la cuenta que a mi alrededor no hay luz . En este preciso instante percibo con asombro la total oscuridad en que me encuentro inmerso. Intento alcanzar mi lámpara, pero está inutilizable por falta de combustible. No hay luz. Estoy ciego. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=125&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://palabrasgraves.files.wordpress.com/2011/08/faro.jpg"><img src="http://palabrasgraves.files.wordpress.com/2011/08/faro.jpg?w=300&#038;h=224" alt="" title="faro" width="300" height="224" class="aligncenter size-medium wp-image-152" /></a></p>
<p>Camino, y repentinamente siento que algo no está como debiera. Acabo de caer en la cuenta que a mi alrededor no hay luz . En este preciso instante percibo con asombro la total oscuridad en que me encuentro inmerso. Intento alcanzar mi lámpara, pero está inutilizable por falta de combustible. No hay luz. Estoy ciego. Los que caminan cerca mío y me rodean están igualmente invidentes. Todos caminamos sin saber dónde estamos o hacia dónde vamos, pero no parece no importarnos. Sigo caminando y tropiezo con una idea, caigo de bruces y estrello mi cara contra unas cuantas palabras más o menos legibles que recogí e intentaré compartirles lo más ordenadamente posible. </p>
<p>Uno de los más maravillosos y transformadores descubrimientos que logró el ser humano en los orígenes de la civilización fue sin dudas el fuego. Más allá de la ventaja que su utilización brindaba a la calefacción de sus habitaciones y a la cocción de sus alimentos, con todos los beneficios que ello implica, la mayor virtud del fuego una vez logrado su manejado y administrado convenientemente el fuego era proveedor de luz. Luz! Ese codiciado elemento que uno suele apreciar sólo cuando carece de el por algún tiempo. En nuestros tiempos la luz ya no se asocia con el fuego, sino con un mucho más cómodo servicio de energía eléctrica. Pero ambos pueden fallar. </p>
<p>¿Quién no ha tenido por diferentes circunstancias que pasar un tiempo sin luz en su casa, o de visita en el campo? En ese momento uno valora sumamente las bondades de la luz en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, habiendo pasado un tiempo suficiente sin ella, como suele suceder con la mayoría de las comodidades de nuestra vida, uno se acostumbra a manejarse con soltura en plena oscuridad. Los mismos ojos adoptan una postura diferente ante la penumbra y descubren bastante adecuadamente los contornos de los objetos que se hallen a nuestro paso. Ayudados de la anteposición de las manos, después de un rato logramos conducirnos a tientas en la más absoluta oscuridad como si fuese nuestro estado natural. Seguramente ya has experimentado esa sensación. </p>
<p>He pensado últimamente mucho en esas cualidades potenciales del ser humano de las que logra prescindir, como mérito de su espíritu de supervivencia, adaptándose a estados de inferioridad en los que debería sentirse absolutamente incómodo y ajeno. Sin embargo esta es una de las mayores ventajas y peligros del ser humano: Su &#8221; capacidad de adaptación&#8221;. </p>
<p>Las principales corrientes espirituales universales han basado buena parte de su teoría en el concepto de luz,  luminosidad o iluminación. En oriente serán seres iluminados aquellos que hayan alcanzado la sabiduría, con la misma calidad que a un cristiano su maestro supremo lo insta a ser luz en la profunda oscuridad del mundo. Sin falta todas las corrientes espirituales más en boga en la actualidad priorizan la luz como su mayor tesoro. Abundan en nuestro entorno cada vez más los deseos de luz, las bendiciones luminosas y las búsquedas de iluminación como declaración cotidiana. Los más dedicados religiosos de la cristiandad se adjudican instancias de avivamiento e iluminación únicas en la historia, y las vertientes espirituales de oriente se &#8220;occidentalizan&#8221; con asombrosa naturalidad. </p>
<p>Se habla cada día más de luz. Sin embargo, el mundo a nuestro alrededor permanece tanto o más oscuro que siempre. Aumentan el hambre, los crímenes y las guerras, casi con la misma exponencial fórmula con que el ser humano espiritual habla de su luz y su amor. </p>
<p>Puesto a pensar en esta realidad que vivo y padezco como cualquiera de ustedes, descubro que la respuesta a este sinsentido la encuentro en la misma lección técnica del uso de la luz en nuestras casas y sitios urbanos. Las luces se deben colocar en lugares altos, visibles, de protagonismo. Como dice la Biblia en uno de sus pasajes pertinentes &#8220;Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que alumbre a todos los que están en la casa&#8221;. Parece natural en términos técnicos, pero trasladado al lenguaje espiritual, nuestra luz suele permanecer escondida debajo de nuestros prejuicios, nuestros miedos o nuestras inexplicables excusas existenciales y materialistas. </p>
<p>Cuando Jesucristo insta a sus seguidores diciéndoles “Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.&#8221; no está dejando claramente lugar a dudas. Está diciéndoles que sus obras, su comportamiento, su accionar, iluminará a los que se hallan en oscuridad. Luego agrega “La lámpara del cuerpo es el ojo. Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas. Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.” Utilizo las palabras de Jesús porque me son más cercanas y familiares, pero podría usar las de Buda o Krishna con el mismo sentido, ya que coinciden perfectamente en este sentido. </p>
<p>El resultado del análisis que intento a este respecto, lejos de aliviarla, acrecienta mi preocupación. A todas vistas quienes deberíamos ser portadores de la luz en este mundo hemos olvidado encender nuestras lámparas, o las hemos escondido en lugares íntimos donde en muy contadas ocasiones nos dan destellos de bienestar a nosotros mismos y en el mejor de los casos a nuestros íntimos. Compartimos lo mejor de nosotros, nuestros actos de amor (cuando los tenemos) con nuestros más cercanos, con nuestros próximos, pero el vecino, el compañero de la universidad o del trabajo, el comerciante, el policía de la esquina, nos ve idénticos a los seres más oscuros de la sociedad. </p>
<p>Pero es aún peor que eso. Nos hemos acostumbrado a caminar sin luz. A andar a oscuras, viendo apenas en penumbra la realidad que nos rodea, y nos sentimos perfectamente cómodos en esa situación. El mundo nos ofrece una oscuridad cada vez más espantosa en sus más céntricos paseos cotidianos, y quienes somos los responsables de iluminarlo todo, permanecemos con las lámparas apagadas o escondidas debajo de la cama. </p>
<p>Si algo pretendo en este análisis que hago primero para mí mismo y luego para los que quieran leerme, es una invitación a contagiar a otros de todo ese bien que la vida nos ha permitido conocer. Si se nos ha dado la valiosa oportunidad de conocer el mensaje transformador del amor, de las buenas obras, de la luz&#8230; no debemos guardárnoslo. Muchos caminan a nuestro lado y necesitan de ese bienestar. Claro que una vela no puede iluminar la ciudad, el país o el mundo. Pero enciende una vela, ponla en alto, y enciende otra, y otros encenderán sus lámparas, y un día seremos muchos, y muchas lumbreras, y el mundo entero empezará a ver un nuevo resplandor que aleje las tinieblas para siempre. </p>
<p>Guillermo Dowyer<br />
01 de Agosto de 2011</p>
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			<media:title type="html">Suma Solidaria</media:title>
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			<media:title type="html">faro</media:title>
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		<title>Ensayo sobre la felicidad</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Apr 2011 07:36:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Dowyer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía Debida]]></category>

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		<description><![CDATA[La definición del concepto de felicidad ha ocupado históricamente el tiempo y el esfuerzo de la mayoría de los pensadores y filósofos. Las conclusiones expuestas desde los orígenes del pensamiento son de tal diversidad, amplitud y desigualdad que me empuja a la búsqueda de un concepto propio, nuevo, adaptado a los tiempos. Considerando por una [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasgraves.wordpress.com&amp;blog=8659414&amp;post=146&amp;subd=palabrasgraves&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La definición del concepto de felicidad ha ocupado históricamente el tiempo y el esfuerzo de la mayoría de los pensadores y filósofos.  Las conclusiones expuestas desde los orígenes del pensamiento son de tal diversidad, amplitud y desigualdad que me empuja a la búsqueda de un concepto propio, nuevo, adaptado a los tiempos. Considerando por una parte el fruto de la información disponible y de mi propia experiencia, y por otra la consideración de lo que creo fundamental expresión de valor respecto de los que expusieron antes, esto es la verdad incontrastable de los hechos. Me pregunto cuántos de quienes filosofaron acerca de la felicidad y su búsqueda, pudieron luego, en la medida de las fuerzas, la determinación y el tesón que le eran propios, alcanzarla y vivir en tal estado.</p>
<p>Me responden ejemplos conocidos que no alcanzan. Veo en el espejo de mi propio pensamiento lo que en mi propia vida sucede al respecto cuando me hago la trascendental pregunta acerca del “ser feliz”. La respuesta es siempre una. Puedo, en el mismo camino de los que me enseñaron a caminar, ensayar ideas y definiciones más o menos válidas, intentar llevarlas a la práctica decididamente, pero no puedo escapar al asecho de los males que pugnan por alejarme de la perfección, contaminar la pureza propia del estado de ser feliz y acabar con ese delicado equilibrio en un instante.</p>
<p>Comprendo entonces que puedo definir la felicidad, quizá hasta de modo más o menos imparcial y objetivo, aun considerando que lo que me hace feliz a mí no lo hace feliz a usted por definición. Pero esa definición es relativa con el contraste de la vida real, y luego la felicidad resulta ser simplemente un camino, jamás un destino al que deba aspirar.</p>
<p>Qué es Felicidad</p>
<p>En consideración al hecho de que frecuentemente nuestros males actuales se deben a desvíos de certezas pasadas, me gusta comenzar cualquier análisis por la etimología de las palabras que nos ocupan. En este caso el término “Felicidad”.</p>
<p>Poco sorprendente, o en realidad nada, resulta descubrir que tanto el origen latín del término (phoelix) como su paralelo griego (eudaimonía) refieren a circunstancias espirituales y trascendentes y en ningún aspecto su aplicación literal estaba asociada a cuestiones referidas al placer, el bienestar sensorial o el epicureísmo con que frecuentemente se lo refiere hoy. En la sabia Grecia antigua se hablaba de eudaimonía (eu-bien y daimwn-divinidad) como el mayor bien posible de un ser humano. Los filósofos antiguos definían de hecho esta disciplina como la búsqueda de la felicidad, mediante el amor al conocimiento, y no como la mera búsqueda de una verdad improductiva. Podríamos simplificar diciendo que tener un buen espíritu produce eudaimonía, o es su consecuencia. Buen o mal espíritu, cercanía de las cosas espirituales buenas o malas, de allí pareciera provenir. El termino demonio, como definición de mala divinidad, proviene de este mismo daimwn.</p>
<p>En el latín la claridad de la significancia es aún más contundente. Resulta que el termino phoelix, félix, y luego feliz, fue creado como definición de la fecundidad, y especialmente comenzó a utilizarse para ilustrar el estado de una hembra amamantando a su cría, como máximo ejemplo de esta profusión de la vida productiva y la abundancia. Luego el término se asoció más a la mujer, y en agricultura se hablaba de árbol félix, campo félix, como definición de su generosa producción. Porque si algo queda claro en este sentido de la palabra feliz, en su origen latino, es que parece siempre estar más relacionado al hecho de dar, que de recibir algún bien o dádiva.</p>
<p>No resulta entonces demasiado llamativo tampoco el hecho de que una sociedad construida sobre principios como el egoísmo antes que de la compasión, la individualidad antes que la solidaridad, la satisfacción externa antes que el mérito espiritual, y la posesión antes que la dádiva, de cómo resultado una generación de hombres y mujeres escasamente felices.<br />
Inspiró justamente el análisis, y es la base de este ensayo breve, la incoherente relación comparativa que existe entre el nivel de vida de la sociedad actual y su sentimiento de realización o felicidad. La inversa relación entre una especie cada día más evolucionada técnicamente, con avances incomparables en términos de bienestar, superpoblada de recetas espiritualistas mágicas, y sin embargo frecuentemente insatisfecha. En el camino he encontrado respuestas contundentes que comparto de modo más o menos ordenado.</p>
<p>El camino de la Felicidad</p>
<p>Empezaré determinando el mayor sinsentido que encuentro en la concepción mayoritaria de la felicidad, planteándosela como un objetivo definitivo, una meta, un algo a conquistar en la vida. Cuando se indaga a la mayoría de la gente acerca de si es feliz, las respuestas se dividen en dos grandes bandos. Los que responden instintivamente “a veces soy feliz, porque la felicidad son momentos”, y los que atinan a un aún más desacertado “será feliz cuando logre tal o cual cosa”.  Una y otra evaluaciones son imprecisas. La felicidad no es una meta futura, ni es un devenir esporádico. La felicidad es, a todas luces, un estado definitivo que se alcanza con cierta elevación espiritual, en un marco de equilibrio personal entre lo que deseo, lo que soy y lo que poseo, pero fuertemente sustentado en la convicción y seguridad de estar en el camino correcto. La felicidad, fertilidad, abundancia, bendición, buena deidad, bienaventuranza… es un estado permanente de quienes entienden el devenir y el por venir, viven dedicados a fines trascendentes y disfrutan de la sorpresa e imprevisibilidad de la vida terrenal, aquí y ahora.   </p>
<p>Es decir, analizo todas y cada una de las variables que componen ese tal estado de realización al que llamamos felicidad, trazo una serie de ideas básicas y excluyentes, pero eso no me hace feliz sino hasta que puedo vivirlo cada minuto de cada hora de cada uno de mis días. Ese es el camino. Esa la senda que me llevará a un estado de frecuente satisfacción al que puedo llamar felicidad.</p>
<p>Pensar el estado de felicidad como una meta, un sitio hacia el que voy, es sencillamente una utopía. De hecho ya deberíamos saber que las utopías no existen y son sólo espejismos que nos ayudan a avanzar en la vida y la conquista de nuestros ideales. Es sencillamente imposible llegar a un destino que no existe en mi mundo. Y no sería tan dañina la mentira de una quimera inalcanzable que me lleva a seguir adelante en su conquista, si no fuera que la frustración diaria de su inexistencia me aleja de satisfacción buscada. Quienes ven la felicidad como una meta viven mañana, sin di frutar el hoy. Sienten que lo serán un día, pero desperdician su vida en un anhelo lamentablemente estéril.</p>
<p>Los enemigos de la felicidad</p>
<p>Supongamos que un día me dispongo a pensar un sitio que me resulte en términos teóricos “perfecto”. Mi lugar ideal. El entorno en que anhelaría vivir eternamente un ser como yo. Supongamos que logro definirlo de modo tan concreto y detallado que soy capaz de imaginarlo. Mi fe me permite tener la certeza de que ese lugar existe, y tengo la convicción de que allí seré feliz. Entonces, fiel a mis certezas e impulsado por la disconformidad con el aquí y ahora, me animo a disponerme a planear un viaje hacia allí. Sé que nada me detendrá. ¿Cómo renunciar a mi sueño ahora que casi pude palparlo?</p>
<p>Surge en este estado de decisión empedernida del ser humano el primero de los escollos en la búsqueda de la felicidad. El entusiasmo. El entusiasmo es un estado que no pareciera ser negativo, un sentimiento que hasta nos resulta ameno y preciado, una sensación de la que no quisiéramos desprendernos jamás. Pero el entusiasmo es pariente lejano de la alegría, y esa estirpe sensacionalista poco tiene que ver con la felicidad.<br />
Su efecto es superficial, instantáneo y pasajero. Una buena noticia, una reunión con seres queridos o un logro personal determinado, pueden causarnos entusiasmo, quizás hasta logren alegrarnos, pero son poco trascendentes en la consecución de la felicidad plena.</p>
<p>Claramente no puede negarse el ameno estado de pregnancia y apertura espiritual que puede producir un momento de alegría, y hasta su sintomática risa, los que bien aprovechados pueden ser altamente positivos en el acercamiento al “ser felices”. Pero ¡cuidado! Paralelamente pueden resultar placebos mortales a los caminantes desprevenidos.</p>
<p>Anhelar ser feliz, buscar el éxito verdadero, anhelar seriamente la realización y dejarse distraer y confundir por la acumulación de momentos de alegría nos llevará indefectiblemente a caer en las redes de estos impostores. Lazos de los que frecuentemente es imposible librarse, porque la satisfacción momentánea de la risa, la diversión y el entusiasmo instantáneo suelen producir a nivel cutáneo una mucho mayor satisfacción que la felicidad verdadera, así como los analgésicos alivian los dolores del cuerpo sin curar los males que los originan o la adicción a los estupefacientes, que proporcionan un elevado placer inversamente proporcional al tiempo de su permanencia. Del mismo modo obran a nivel espiritual la alegría y el entusiasmo.</p>
<p>Si sumamos todos los días varios momentos de alegría produciremos a nivel superficial de nuestro ser, una casi constante sensación de bienestar, la cual nos proporcionará deseos positivos y un satisfactorio estado de satisfacción. Este estado nos fortalecerá para encarar obstáculos y nos sensibilizará para la comprensión y aprehensión de buenos sentimientos, pero si no les damos su correcta dimensión obrarán de modo negativo en nuestra búsqueda de felicidad.</p>
<p>Dicho de otro modo, la alegría es una puerta detrás de la cual se halla el camino de la felicidad, pero jamás debe ser el sendero elegido, porque simplemente no lleva a ningún sitio. Al contrario, produce una severa adicción a aquellas cosas, objetos, personas, lugares o estímulos diversos que sentimos que nos “hacen bien”, y muy pronto no podremos vivir sin ellos. Es frecuente ver ejemplos de ello en la sociedad de consumo en que vivimos. Hombres y mujeres que concurren diariamente a sus expendedores de alegría en busca de satisfacción, y sufren gravemente cuando por circunstancias de la vida no pueden acceder a ellos libremente. La amplitud de las opciones del mercado es casi incalculable. Los más, simples suelen acudir a objetos de consumo para saciar su sed, el segmento productivo le atribuye tales responsabilidades a “éxitos” laborales, profesionales o estados familiares determinados. Merecerían un apartado las minorías intelectuales suelen hallar en la elevación artística o del pensamiento sus sanadores a la tristeza, la mediocridad o la apatía, pero sucumben a diario ante el peso de una realidad que no aprenden a manejar con equilibrio. Los más iluminados pensadores de la historia han tenido vidas tortuosas, frecuentemente infelices en esencia a pesar de su peso existencial.</p>
<p>La sociedad moderna no difiere demasiado en general. De un lado las señoras que se sienten tristes si no pueden adquirir en las tiendas aquellas prendas que las hacen sentir realizadas, los hombres que necesitan poseer el moderno automóvil o los jóvenes que visten marcas reconocidas o asisten a lugares de moda. Del otro las madres de familia cuyos hijos lo son todo en la vida, los hombres que han alcanzado un buen desarrollo profesional o los adolescentes que logran pertenecer a grupos sociales que les aportan seguridad adicional. Estas personas obtienen su alegría y satisfacción a través de objetos-solución que adquieren en el mercado, utilizando todo el dinero que logran obtener como pago de su frecuentemente desmedido esfuerzo, o a través de personas que lograron conquistar en la vida, unas veces de manera natural, como los hijos, y otras adquiriéndolas también en el mercado habiendo pagando el precio de, cuando menos, tener para compartir.<br />
Este particular amerita un desarrollo específico que encararé posteriormente, pero sólo agregaré aquí y ahora un comentario pertinente: las personas que buscan equivocadamente la felicidad en las que son meramente fuentes de alegría o satisfacción momentánea, se vincularán muy probablemente con seres que ayuden a tales fines, y muy probablemente también desestimen a quienes hubiesen podido acompañarlos en un genuino camino de realización. Lo cual acentúa el problema, y nos aleja de las posibilidades de alcanzarla por la ayuda del otro. Frecuentemente nos dejamos impresionar por las apariencias, olvidando la esencia. Nuevamente el universo me trae una lección. ¿Notó que las cosas más valiosas de la naturaleza, las más imprescindibles para la subsistencia, no suelen ser las más atractivas y vistosas?</p>
<p>Podríamos bucear en las profundidades de conceptos tan jugosos al respecto como el Dasein (ser aquí) de Heidegger, la idea de “ser y parecer” de Schopenhauer, que también abona la teoría de los placebos del consumo para suplir las verdaderas carencias del ser, y sería largo desarrollar la teoría cristiana original respecto de la oposición del espíritu con la carne y sus deseos, y otros tantos más. Serán todos temas del desarrollo que vendrá, probablemente.</p>
<p>Culminaré entonces la introducción al tema con la mención de un aspecto final que me resulta siempre llamativo al respecto, y que probablemente sea el tercer gran enemigo natural de la felicidad de los seres humanos. Me refiero a la creciente costumbre de pensarnos como seres físicos, carentes de bienes asequibles, sin tener en cuenta que nuestro ser es en gran parte espiritual, como lo es el mundo que nos rodea. Alimentamos nuestra hambre y sed de alimentos espirituales con lujos y comodidades, y eso nos frustra diariamente. Los más ávidos recorren caminos de realización mística que les prometen soluciones a la angustia existencial, y acaban cautivos de prácticas físicas, dietas, liturgias y ritos carentes de toda trascendencia en tal sentido. Así proliferan la práctica de terapias alternativas, métodos innovadores de sanación, caminos de iluminación y comunidades terapéuticas con las mejores intenciones, pero ineficaces ante un ser humano discapacitado para su realización trascendente, víctima de una cultura de consumo y gravemente desorientado. Creo fervientemente que pensar que una “terapia de la risa” puede ayudar a mi felicidad es tan inverosímil como intentar aprender a volar simulando agitar un par de alas que no poseo y son la condición imprescindible para saltar al vacío y no perecer en el intento.</p>
<p>Busquemos la felicidad ahora, aquí mismo, sin más dilaciones ni pretextos. Muy probablemente la hallemos, como en la historia del tesoro, justamente debajo del lugar en que nos hemos sentamos a cavilar acerca de nuestras muchas preocupaciones durante días, semanas, meses, años. Pensémonos felices, y nos sentiremos felices. Imaginemos el lugar de nuestro destino, y disfrutemos el camino hacia allí. Caminemos todos los días, buenos y malos, proyectando el gozo expansivo de la convicción de ser exactamente lo que deseamos, y más temprano que tarde nos sorprenderemos felices sin tener que tener, sin lograr, sin compañía, como el niño que aprende a caminar, y no lo olvida nunca, aunque tropiece mil veces.</p>
<p>Guillermo Dowyer<br />
www.palabrasgraves.com.ar</p>
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